martes, noviembre 7

Chilango tour II: burocracia, libros y café

Aprovechando el viaje al D.F. me dispuse a tramitar allá, personalmente, la cédula profesional. El bell boy nos había dado instrucciones precisas: toman el metro, bajan el la estación Miguen Ángel Quevedo, a dos cuadras está la avenida Miguel Ángel Quevedo, caminan tres cuadras más a la izquierda y están ahí en la Dirección General de Profesiones.

Si hasta gusto nos dio que todo fuera tan fácil (Ingenuidad: 2, Tapatías: 0). Decidimos ir caminando, total, eran sólo cinco cuadras. Bajamos del metro, llegamos a la avenida Quevedo y caminamos rumbo a Insurgentes Sur. Encontramos el Fondo de Cultura Económica, la Gandhi (la más grande de la ciudad) y hasta un par de cafés donde podríamos haber desayunado.

Cuando llevábamos minutos eternos caminando sobre Insurgentes Sur (donde vino a nuestra mente el señor R, mejor conocido como "El hombre ideal") decidimos subirnos a un taxi, del cual nos bajamos, dos minutos después, claro, porque ya estábamos muy cerca del lugar. Amablemente y con mi mejor cara (bueno, no pidan mucho que dormimos mal, no habíamos desayunado y nos fuimos ahí después de dejar maletas en el hotel) veo una fila de personas y pregunto a los dos chicos del final: ¿esta es la fila para el trámite de la cédula? A lo que ellos amablemente responden que .

Esperamos 45 minutos y cuando íbamos a llegar nos dimos cuenta de que la fila era para que una doña les llenara las formulas del SAT no. 5 a máquina y la solicitud para la cédula, cobrándoles la módica cantidad de veinte pesos por forma. Obviamente, yo tan previsora como suelo ser, ya llevaba la solicitud llena y la fórmula del SAT pagada. Así que me dirigí a otra fila, hice la misma pregunta y me dieron la misma respuesta, pero no me la creí del todo (Ingenuidad: 2, Tapatías: 1).

Cuando por fin llegué al inicio de la fila la chica me dice: si, está bien. Nada más que necesito que compre otra fórmula del SAT y pague en el banco (evento simultáneo en mi cabeza: ¿quéeeeeeeeeeeee? ¿en el banco?) treinta y seis pesos (cabeza de Sue: no maaaaaaaaammm… ¿36 pinches pesos?), por el concecto (no, no lo escribí mal a propósito, estoy siendo literal) de devolución de documentos (cabeza: ¿y por qué demonios me van a devolver los documentos o cuándo me los devolvieron?). Acto seguido la chica se desentendió de mí (y de mi cara de estupefacción combinada con expresión psicópata) dijo: el que sigue por favor.

Salí, le expliqué a Perla María el asunto, compré la fórmiula del SAT salimos en busca de un banco, pagué los jodidos 36 pesos, acomodé mis papeles, volví a la fila y al llegar la chica me dice: muy bien, pase por favor, siéntese. Va después de el señor de chamarra negra.

Respiro, me siento, respiro. Leo un cartel que dice: documentos originales para su trámite, lo repaso. Tengo todo. Sonrío. Leo otro cartel que dice: copias que se necesitan de sus documentos originales. Leo. Se me borra la sonrisa. Le pregunto a la chica si necesito ésas copias (de prácticamente todo) me dice que si. Pregunto si es que tiene copiadora ahí. Dice que no, pero a media cuadra hay un centro de copiado (mentadas mentales).

Le informo a Perla María, vamos al centro de copiado, saco veinte copias de cada documento, por el frente, por detrás y por los costados. Ordeno de nuevo mis papeles, veo el reloj. Tenemos ahí más de dos horas. Perla María trata de tranquilizarme.

Volvemos, me formo, espero turno. Por fin paso a ventanilla. Entrego los papeles, las fotos. Increíble que toda mi vida académica cabe en una carpeta doble carta. Me reciben los documentos, me regresan un ciento de copias porque “sobran”. Me dicen que van a darme el comprobante para mi cédula. Que espere.

Salgo, buscando a Perla María, cuando me ve me pregunta, molesta: ¿y ahora qué? Me río, me vuelvo a reír. Le explico que debemos esperar a que me nombren. Pasamos a la sala de espera, de ahí debo ir al módulo de DHL a pagar por el envío. A ella no la dejan pasar. Me formo en la fila, un chico empieza a hacerme preguntas como ¿creés que si uno vive en un pueblito se tarden más en hacer el envío?, yo, para no aburrirme le digo: bueno, supongo que depende más de la distancia, ¿de dónde eres?, él responde: de Morelos. le digo: entonces seguro llega pronto, yo vivo más lejos. Pregunta: ¿de dónde eres?, respondo: de Jalisco (sonrío, siento que el chico está intentando ligarme). ¿Del mero Jalisco?, pregunta. (En mi cabeza: ¿cómo que si del mero Jalisco?, ¿qué espera que le diga?, no, del mero Jalisco no, más bien del Jalisco-Durango-Nayarit) se pierde el encanto. Sí, del mero Jalisco, respondo. Perdón, recapacita, quería decir que si de la capital. Sonrío, sí de Guadalajara. Él pasa a su turno, luego yo al mío.

Saliendo llamo a Chilo. Él y David nos alcanzan para almorzar-comer con nosotras en un restaurante de franquicia para Very Important People. Y sí, todo el mundo nos dice que por qué fuimos tan lejos para terminar comiendo ahí. Yo respondo: ¡pues porque teníamos un freiegamadral de hambre!

Durante el almuerzo-comida Chilo se empeñó en decirnos lo riesgoso que era andar en la ciudad. Nos preguntó en dónde llevábamos el dinero y nos rehusamos a responder, porque, en efecto, el dinero no estaba en nuestras bolsas (ni en ningún otro sitio visible). Amenizando la comida hablando de inseguridad, Perla María se me preocupó un poco, aunque yo sabía que Chilo bromeaba y por fin él le explicó que sólo quería divertirse diciéndonos todas esas cosas.

Después del almuerzo-comida y de que Chilo y David debían de volver a sus deberes laborales, nosotras tomamos un taxi rumbo a la Gandhi desde donde le mandé un mensaje a York preguntándole qué libros quería que le comprara). Me mandó una lista, pregunté y no había uno solo de ellos. Después vimos libros, calendarios y terminamos por sentarnos a tomar un café y a ver postales que nos hicieron pensar en algunas personas a las que, sin dudarlo, les trajimos una.

Un señor de una mesa cercana, al escucharnos hablar, se percató de que no éramos de ahí (tal vez fue en el momento en el que Perla María me dijo que yo había ido al D.F. con toda la intención de besuquearme con más de algún chico, a la que yo respondí: podré besuquearme con todo el mundo, pero mi corazón sólo pertenecerá a un chilango (mi frase se hizo célebre, aunque sólo estaba bromeando). El señor, que seguro pisaba ya la cincuentena de años pero que no era mal parecido y que, de paso, lucía muy muy interesante, se acercó a nuestra mesa a decirnos: provecho. Y ahí están el par de tapatías medio derretidas y con ganas de que se hubiera sentado a sacarnos algo de plática en lugar de haberse ido.

De ahí al Fondo de Cultura Económica a preguntar por los mismos libros de York (mandarle un mensaje a otro amigo para ver si quería algún libro) y de vuelta al Metro (que terminó siendo uno de nuestros dominios) para volver al hotel. Sacar las cosas de la maleta, darnos un baño y alistarnos para la cena.

El día fue eteeeeeeeeerno. Salimos a cenar a eso de las 8:30 p.m. a unas tres cuadras del hotel y volvimos temprano a seguir charlando. Pedimos una cerveza al room service (que sí, a mí se me cayó la mitad de la chela) y recibimos la llamada de la mamá de Perla María quien tomó fotos a diestra y siniestra y no se incomodó en ningún momento ante mi costumbre de pasearme en ropa interior por la habitación. Por fin unas horas después concebimos el sueño.

P.D. Las fotos se las debo porque el blog no me ha dejado subirlas, pero con gusto pueden consultarlas en el Blog de Perla María (que es el nombre artístico de Perla) en la dirección. Advertencia: no apto para cardiacos ni personas que no pueden tener emociones fuertes

http://alquimiaperlavr.spaces.live.com/PersonalSpace.aspx?_c11_PhotoAlbum_spaHandler=TWljcm9zb2Z0LlNwYWNlcy5XZWIuUGFydHMuUGhvdG9BbGJ1bS5GdWxsTW9kZUNvbnRyb2xsZXI%24&_c11_PhotoAlbum_spaFolderID=cns!5D20891DA578792C!871&_c=PhotoAlbum

9 comentarios:

El R. dijo...

¡Toda una odisea! Lo más genial fue la parte en que te preguntaron si eras del mero Jalisco, ja, ja, debiste abofetearlo.

Anónimo dijo...

En realidad, la frase textual fue "Podré besuquearme con todos los chilangos del mundo, pero mi corazón sólo pertenece a uno"... y sí, también me pregunto por qué el cincuentón atractivo no se acercó a conversar o se ofreció a pagar nuestra escueta cuenta... ¡tu escote decía haber servido de algo, no!

Anónimo dijo...

Que cosas!!!

Yo ando por ahi casi diario, igual y me tope con ustedes y ni cuenta!

asi esta ciudad, pero la quiero mucho jijiji

Ernesto dijo...

ahhhh ese edificio horrible enfrente de hiper lumen insurgentes sur... ahi trabaja mi tutor de tesis de maestría....

buena reseña de tu viaje al D.Fuchi

un abrazo desde tierras jarochas!

*Blue*Princess* dijo...

df tan lindo amor el df quiero volver :)

sirako dijo...

jajaja errnest dijo "DFuchi" jajajaja.

chia, yo no sé todavía que decir...

yo nunca salgo de acá del df, y nunca he ido a la basílica por ejemplo, he pasado unos metros de ella pero no he entrado, no sé ben donde está la escandón y nunca he comprado marihuana jajaja, es un mundo imposible allá afuera-

Anónimo dijo...

Muy buena tu narración de todo el viaje y del concierto de Sabina, aunque he de confesar que por recomendación de Perla lo leí días atrás, esta es la mejor parte del relato, sobre todo por la parte en que todo el que no vive en Jalisco cree que Jalisco es Guadalajara.

Ahh y muchas gracias por el comentario en mi sitio.

Saludos...

Bere dijo...

Entretenido relato, así es el DF para los provicianos lleno de sorpresas, yo cuando he ido he tenido la fortuna o desdicha de llegar con gente que ha vivido toda su vida allá, así que lo más tormentoso que me ha pasado es el tráfico terrible, de ahí en más sólo pura diversión.

Beto dijo...

Bien dicen que no hay mejor trámite que el que no se debe hacer. Y es que, pobre burocracia, toda la tramitología está basada en la desconfianza. No vaya usted a querer engañarlos.

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