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lunes, marzo 28

Discursos

Gracias por venir, le dije.

Le entregué la sombrilla que había olvidado en mi casa. Dije después algo gracioso, una tontería para tratar de distraer el vació del estómago y la agitación de mi pecho. En una banca, frente al lago, tomamos asiento.

La comunicación, pensé, ese complejo proceso.

Le expliqué lo difícil que era para mí el hablar de mí misma y tomé una bocanada de aire.

Vinieron a mi mente tantas ocasiones en las que usé el lenguaje como escudo y espada. Mi ortografía y mi gramática como los instrumentos claves en la claridad de mis ideas. Aquellos concursos de oratoria que me acompañaron en mi adolescencia y de los que salía victoriosa. Ese discurso que brindé a toda la generación que se graduaba conmigo de la licenciatura. El éxito con el que convencí a los reclutadores de que me emplearan en su empresa. Y sin embargo, al saberme ahí con el lenguaje como único recurso, ninguna de mis experiencias previas ayudaba. 

Los sentimientos, suelen ser mucho más complejos de lo que alcanzan a retratar las palabras.

Apelo a su paciencia y calladamente suplico el auxilio de la sintaxis, con la misma fuerza y convicción con la que la gente que cree en dios lo evoca.

Grande Mocha Capuccino le dije hoy mismo al tipo de la caja para especificarle manera en la que prefiero mi café. Pienso en ese discurso breve, claro, cotidiano, que culmina siempre con el resultado que espero. Y 
sé que lo que estoy a punto de decir, no es ni remotamente el mismo caso.

Sé que tu decisión está tomada, le digo. Pero tengo la misma certeza sobre esta necesidad de hablarte y de decirte lo que siento. Pauso. Respiro. Evito que mi voz se quiebre. Es difícil hablar de lo que siento, exponerlo así. Confieso. Pero es más difícil  pretender que nada de esto pasa. Respiro de nuevo. Porque quiero seguir viendo tus ojos cuando me despierto, y sentir tu barba en mi cuello cuando me abrazas para dormir. Quiero comer pizza contigo aunque no soporto la pizza, quiero porque eres tú. Quiero que volvamos a equivocarnos juntos, y reírnos de nada. Quiero volver a desbordarme de alegría sólo por el hecho de saberte en la misma habitación. Quiero despertarme con tus ronquidos, porque escucharte roncar significa que estás ahí, conmigo. Quiero olvidarme del mundo en tus brazos, compartir nuestros amigos, bailar, crecer, necesitarte. Quiero que te quedes en mi vida, y ser parte de la tuya. Y aunque no puedo prometerte será siempre así, puedo decirte que no habrá nada perfecto. Pero quiero seguir aquí, crecer, construir lo que tenemos. Luchar por esto. Correr el riesgo de salir lastimados. Pero besarnos hoy sin pensar que pasará mañana. Quiero decirte que te amo hasta que el corazón deje de dar de brincos cuando pronuncio esas palabras, hasta que deje de sentirlo, hasta que de verdad no haya nada. Eso es lo que quiero. Reiteré. Y de nueva cuenta contuve alguna lágrima.

El quién somos podría medirse en discursos. Y sé por mucho que este ha sido el mejor discurso de mi vida. El más honesto, el más espontáneo. Sé, sin lugar a dudas, que estas palabras han representado cabalmente lo que soy.

Callo y espero.

No hubo un diploma que premiara mi oratoria, ni una generación de graduados que aplaudiera de pie. 
Tampoco hubo nadie que estrechara mi mano para concederme un nuevo puesto de trabajo.

Lo que hubo, fue una réplica breve. Un discurso reciclado. Una reiterada secuencia de NOs.

Mi silencio fue la respuesta obligada a aquél adiós definitivo.

Mentalmente y con rabia destrocé cada sílaba de mi discurso. Evacué de mí toda palabra.

Inevitablemente resumí mi realidad en la gastada imagen de las lágrimas.

jueves, diciembre 10

Con vinadre y sal en las heridas

Con vinagre y sal en las heridas
alzo la copa al desconsuelo
a tu salud y a tus desvelos
brindo porque te sea justa la vida
que no escatime en agonías
que te pague con dolor y con tormento
que te mate lento, sin prisa
y te desgarre el alma y el aliento
y mueras de ganas de morirte
y pidas perdón ya sin efecto
y te arrepientas de que dar miseria
haya sido tu único talento.
En la sangre en el sudor y la saliva
por siempre y por demás
que te sea justa la vida
y su justicia me deje atestiguar.
-S.R.

Agua pasada, tierra quemada


Lo peor del amor
cuando termina

Son las habitaciones ventiladas,
El solo de pijamas con sordina,
La adrenalina en camas separadas.

Lo malo del después son los despojos
Que embalsaman los pájaros del sueño,
Los móviles que insultan con los ojos,
El sístole sin diástole ni dueño.

Lo atroz es no querer saber quién eres,
Agua pasada, tierra quemada,
Que de igual esperarte o que me esperes,
Que no seas tú entre todas las mujeres,
Que la cuenta está saldada.

Las canciones de amor que no quisiste
Andan rodando ya por las aceras,
Las tocan las orquestas de los tristes
Pa' que baile don nadie con cualquiera.

Las maletas que llegan sin tu ropa
Giran perdidas por los aeropuertos,
La pasión cuando pasa es una copa
De sangre desangrada en el mar muerto.

Remendar las virtudes veniales,
Condenar a galeras los archivos,
Cuando al punto final de los finales
No le siguen dos puntos suspensivos.

Peor es no saber quién eres,
Agua pasada, tierra quemada,
Que de igual esperarte o que me esperes,
Que no seas tú entre todas las mujeres,
Que la cuenta está saldada.

domingo, julio 19

Éramos amigos...

Porque éramos amigos y a ratos, nos
amábamos;
quizá para añadir otro interés
a los muchos que ya nos obligaban
decidimos jugar juegos de inteligencia.

Pusimos un tablero enfrente
equitativo en piezas, en valores,
en posibilidad de movimientos.
Aprendimos las reglas, les juramos respeto
y empezó la partida.

Henos aquí hace un siglo, sentados,
meditando encarnizadamente
como dar el zarpazo último que aniquile
de modo inapelable y, para siempre, al otro.

-ROSARIO CASTELLANOS



jueves, mayo 7

I built our bridge whit other´s music

I have so many feelings (Beck, Feelings)
and I know that I'm dealing whit them. (Beck, Feelings)
I think about this, our new personal history (David Bowie, never get old)
you looked so tired and unhappy at the beginning (Radiohead, No surprises)
and now I´ve waiting for your phone calls all to end. (Cake, Guitar)
Why don't you come in, smoke all my cigarettes again. (Pulp, Like a friend)
Let´s talk
Do you remember the first time? (Pulp, Do you remember the first time?)
How long has it been? (Pulp, Like a friend)
I can't remember a worse time (Pulp, Do you remember the first time?)
never did I think it would come to this (Beck, Outcome)
I'm still with you so I can't go on (David Bowie, Strangers when we meet)
I guess I have to learn to leave the past behind (Beck, Guess I´m doing fine)
put the elevator music on (Beck, Elevator music)
please, pull me back where I belong (Beck, Elevator music)
whit no complaints (Beck, No complaints)
and then just smoke your last cigarette. (Beck, Modern guilt)
You know that we've changed so much since then. (Pulp, Do you remember the first time?)
I was busy finding answers (Badly Drawn, You were right)
maybe we're lying (David Bowie, Heroes)
would I start to regret it (Cake, Guitar)
or would I smile? (Cake, Guitar)
Nothing, will keep us together (David Bowie, Heroes)
so think about the good times (Radiohead, I might be wrong)
and never look back. (Radiohead, I might be wrong)
We are standing on the edge (Radiohead, Lucky)
that's it, sir, you're leaving (Radiohead, Paranoic Android)
I won't share myself with you for now (Radiohead, You)
but I feel my luck could change. (Radiohead, Lucky)
If there is no future left at all (Radiohead, I might be wrong)
I will try to begin again (Radiohead, I might be wrong)
and I know that I can learn in lonely days... (White Stripes, I can learn)
Well now it's my turn (White Stripes, I can learn)

I´m waitin' for a train (Beck, Feelings)
there´s no alarms and no surprises (Radiohead, No surprises)
just let me out of here. (Radiohead, No surprises)
Think that it's all in your mind (Becks, Is all in your mind)
and I want to be your good friend (Becks, Is all in your mind)
but I can´t be standing at your door (Becks, Lost cause)
right now.
I realize that songs are never quite the answer (Badly Drawn, You were right)
but is all clear
what I really need
is that we're strangers when we meet (David Bowie, Strangers when we meet)
to find out a new way to start

lunes, marzo 23

Canciones como puentes

I´m a friend

I completely know
that this is not
something that
a friend must say
so let me tell you this
like a off the record dream
like a catchy song line
crying on the street.
I don´t wanna be
a
bad cover version
of something incomplete
I just wish
that you and me would be
strangers when we meet.
I know this is not
how a friend must feel
so please let me handle this
in a smooth way
like the color of the whisky
on the rocks across the glass:
I don´t have a
long jacket
do you realize?
You and me as a thought
is like the smoke
of a burning cigarette
that just show up
to disappear.
Think on this like a confession
written without ink
like a step without tread
like a memory keep
in no ones mind.
So I´m gonna cut my talk
´cause we could be
heroes tonight
here I am; my summarize
there are you through your
guitar
just before to say good bye
(please let me insist
that I know this is more
how a friend must think).

viernes, marzo 20

Needs

“Hay muchas cosas que no entiendo todavía, pero estoy tratando de comprenderlas. Necesito tiempo. No tengo la más remota idea de dónde estaré llegando ese momento. Por eso no puedo decirte palabras bonitas prometiéndote o pidiéndote nada. Todavía nos conocemos poco. Pero, si me das tiempo, haré lo imposible para que podamos conocernos mejor. Quiero volver a hablar contigo. Es probable que tú y yo nos necesitemos más el uno al otro de lo que suponíamos. Y que, debido a esto, nuestra relación haya dado un rodeo, que, en cierto sentido, se ha torcido. Pero no podía actuar de otro modo. Y la intimidad y el cariño que sentí hacia ti en aquel momento (cuando hicimos el amor) no los había experimentado nunca antes. Quiero una respuesta. La necesito”.

Tokio Blues, Haruki Murakami

lunes, diciembre 22

La nota dramática del blog

Esto es de hace tiempo.
Que nadie crea que estoy triste,
deprimida o lastimada ahora.


Dueles
Me dueles
en cada silencio
en cada suspiro
en cada una
de las lágrimas que contengo.

Me dueles
en la ausencia
en el timbre del teléfono
en la huella
de los besos
que no están.

Me dueles
de manera alevosa
de manera suicida
de esta forma incisiva
con la que no puedo más.

Me dueles
en presente continuo
en pasado infinito

en futuro incierto
en un nosotros desgarrado.

Dueles tanto
en mis dedos que no te tocan
en mis sueños que aún te sueñan
en los minutos que desesperan
en los versos y adioses que no acabo.

Y no duele que no me quieras, tampoco duele la sospecha casi tangible de que nunca me has querido, de que luchaste contra ti mismo por no quererme. Lo que duele es saber que ni siquiera entiendes como te quiero...

sábado, marzo 17

Los besos y la memoria

Dicen los hombres que somos las mujeres las que tendemos a memorizar todo: los teléfonos, los cumpleaños, los aniversarios y los primeros besos entre otras cosas. Yo creo que es más bien el significado de cada evento el que se nos graba en la memoria y que la diferencia radica en la importancia que le damos. En resumen, si es que fue importante, lo tienes ahí, en la memoria, como uno de los momentos Kodak de tu vida, porque fue el pricipio de algo, a veces de una historia, a veces de un chiste, a veces de un olvido.

Tengo buena memoria, especialmente para los momentos Kodak de mi vida y como buena adicta a los besos, recuerdo los primeros: la ocasión en que besé a mi novio del kinder un día por la mañana; el beso posterior al timbre que anunciaba que el receso terminaba, con mi vecino y compañero de clase; el día que casi le fracturo la nariz a Robertito cuando intenté sorprenderlo con un beso en los labios; la despedida en la que nuestros labios se encontraron ya cerca de la media noche en las gradas de la entrada de mi casa; uno más en otra despedida que respondí con un golpe; la complicidad de la jardinera de la Univa; el beso estilo Danny Zucco; el regreso a Guadalajara y un beso celebrado por todos los pasajeros del autobús; el beso obligado por el juego entre amigos; el beso por el que esperé tres años y que se materializó al fin, de noche, en mitad de ese inmenso patio; el momento en que giré mi rostro para responder a su pregunta y recibió, no mis palabras sino a mi boca en la suya; el beso que me hizo la envidia del antro gay; el ocurrido después de la fiesta, bajo la lluvia; el beso deshojado en aquella azotea con vistas a la ciudad, después del cual decidí que podía morir porque alguien me había besado la primera vez tal y como siempre deseé que me besaran; aquellos segundos de encuentro en el elevador; semáforo en rojo, un beso que desataba una discusión; el beso por respuesta a un reto; la escena de besos montada en los asientos traseros del autobús; el roce que devendría en encuentro al momento de desencontrarse en la puerta de un hotel; los besos otorgados a domicilio y por una sola noche; los besos a granel entre juegos y cerveza…

Los tengo todos, todos en la memoria; porque sí, porque quiero, porque soy buena memorizando cosas, pero solo algunos de ellos; sólo muy pocos de ellos se volvieron algo especial, algo así como una marca en mi vida.

Hace casi un año, yo no quería irme con dudas, así que pregunté:

Yo: ¿Por qué tardaste tanto en besarme?
Él: Porque quería que fuera especial
Yo: (río, porque la escena de nuestro primer beso viene a mi memoria) ¿y te pareció especial? Digo,
sé que fue raro, pero, ¿te pareció especial?
Él: bueno, no recuerdo
exactamente
cuándo fue...
Yo: (sonrisa irónica, sorbo al café, cambio de
tema
)

Entonces todo quedó más que claro. Hoy todo sigue guardado; pero no me culpes a mí, culpa a mi buena memoria.

Feliz aniversario;
brindemos porque no soy yo quien espera en 18 de marzo.

viernes, noviembre 3

Mi cita con Sabina

NOTA PRELIMINAR: Esta entrada es muy muy extensa porque detalla muchas cosas. La idea es compartir un poco de lo que viví en el concierto, con aquellas personas que gusten pasearse por aquí y dejar que las letras los acerquen a la presencia de Sabina, a la experiencia de verlo en vivo.

Dedicado a Paco, a Valenzuela, a Leonardo y a todos aquellos que se sumen a esta complicidad a través de mi crónica. Y a Perla que estuvo ahí, aunque se burle de cómo grito de emoción y de lo mal que canto.

El hombre del traje gris subió al escenario puntual, con sombrero, bastón y maleta y el viaje empezó con los acordes de Aves de Paso a las flores de un día, que no duraban, que no dolían, que te besaban que se perdían… rezaba el coro para después incluir la lista donde cualquier chica encontrará su categoría: A Justine, a Marylin, a Jimena, a la Mata-Hari, a la Magdalena, a Fátima y a Salomé.

Después los desgarradores acordes que, en su romanticismo me trajeron de vuelta momentos, aromas, sueños imposibles que fueron posibles alguna vez. Una de las canciones más hermosas de Sabina, una de las pocas que cuenta la complicidad de amar a alguien justo en el momento en que ése alguien nos corresponde. Soporté sin lágrimas las frases de la primera parte desde la línea de inicio: ahora que, nos besamos tan despacio… ahora que te desnudo y me desnudas… ahora que, nada es sagrado, ni sobre mojado llueve todavía… ahora que las tormentas son tan breves y los duelos no se atreven, a dolernos demasiado... a éste punto la garganta cerrada me impedía cantar y luego llego la frase y esa letra (¡una sola letra!) que cambió todo el sentido del ahora que casi siempre tengo ganas, de trepar a tu ventana y quitarte el antifaz.

Vino la tercera canción de la noche. Y hubo alguien en quién pensar, y en quien seguir pensando siempre que la escuche. Supe de inmediato que ésa era la canción que prometí dedicarle mientras la voz de Sabina iba desgranando cada letra: Que no arranquen los coches, que se detengan todas las factorías, que la ciudad se llene de largas noches y calles frías… porque voy a salir esta noche contigo… y aún lo digo así: que se muera el olvido… porque voy a salir esta noche contigo, se quedaran sin coartada los criminales y serás mi invitado en paraísos artificiales… y seremos los gatos más canallas de los mortales. Esta última frase, es una promesa.

Con el afán de complacer a Perla, Sabina siguió con Mentiras Piadosas diciendo yo le quería decir que el azar se parece al deseo, que un beso es sólo un asalto y la cama es un ring de boxeo, que las caricias que mojan la piel y la sangre amotinan se marchitan cuando las toca la sucia rutina… Y así fue como aprendí que en historias de dos conviene a veces mentir que ciertos engaños son narcóticos contra el mal de amor. Y ahí nosotras, soa chicas tapatías que aún no comprenden si es mejor que nos cuenten la verdad o nos hagan creer un par de mentiras.

Y continuó el andaluz contando hasta Siete Crisantemos que si alguna vez he dado más de lo que tengo, me han dado algunas veces más de lo que doy. Tan cierto como eso de que puede que no exista el sitio a dónde voy ¿o alguien tiene la certeza? Atinado como suele serlo, Joaquín rezaba: lo bueno de los años es que curan las heridas, lo malo de los besos es que crean adicción. ¡Apelo a los años que me faltan, aunque me duelan los besos que no doy!

Y de pronto sonaba la guitarra conduciéndonos a la posada del fracaso donde no hay consuelo ni ascensor, el desamparo y la humedad, comparten colchón. Y todos a coro vaciábamos la garganta preguntando ¿Quién me ha robado el mes de abril?, ¿cómo pudo, sucederme a mí?

Después hubo un alto donde Sabina explicó haciendo poesía “…Vine con tequilas a igualarme en el lenguaje. Bajo del ascensor con mucho estilo/ me arreglo en Coyoacán mi paliacate/ burlo la amargura del destino/ por el camino real de mi paraje/ me espera el epitafio de Sabines los muertitos de hambre con canana/ las malinches que besan gachupines…” y más de alguna malinche gritó extasiada. Y la música nos condujo por El Bulevar de los Sueños Rotos donde …se escapó de una cárcel de amor, de un delirio de alcohol, de mil noches en vela y sin duda alguna me sumo a la procesión ésa por la que desconsolados van los devotos, de San Antonio pidiendo besos.

Después en Pie de guerra, con la primera canción que Joaquín deshojó, de su último disco, Alivio de Luto, como todas las guerras que lidiamos en la cotidianidad de nuestros días cuando la realidad se burla de la esperanza (¡es que a mí me ha traído tantos recuerdos!) haciéndonos ver, lo que iba a ser, la mierda que ha sido. Al final sólo resta decirnos puestos a desangrarnos tú contra yo, ¿por qué no hacemos las paces?.

Llegó el abstract de la noche con Resumiendo porque nos tocaba crecer y crecimos, vaya si crecimos, cada vez con más dudas, más viejos, más sabios, más primos, pero todo se acaba, ya es hora de decirte ciao, me ha citado la luna en Corrientes esquina Callao.

Mientras nuestro siempre bien amado gachupín descansaba un poco la garganta, Pancho Varona nos llevó de la mano con su guitarra por las notas de Cielito Lindo. Para después enlazar con las partituras de Conductores Suicidas donde todos nos preguntábamos retóricamente ¿cómo te has dejado llevar a un callejón sin salida?.

Olga Román salió al quite entonces con una canción titulada Marilyn Monroe que, en los 80´s, hiciera famosa Ana Belén, en la que intervinieron todos los miembros de la nombrada por Sabina Banda del Titanic, porque, según dijo “ellos siguen tocando mientras yo me hundo” para tener sus minutitos de protagonismo en esa noche que salpicaba magia.

Pancho Varona tomó el micrófono después para decirnos que a continuación nos cantaría una copla que tuvo “el honor de componer junto con Sabina y el Subcomandante Marcos” y empezó con los acrodes de Cómo un dolor de muelas que, a mi gusto, pasó sin pena ni gloria y que sólo sirvió para que el público tomara un respiro.

Fue así como, mientras todos afinaban las cuerdas vocales, Joaquín descansaba las suyas para volver después al escenario y decirnos a todos: disculparán ustedes pero yo organizo mi repertorio como mejor me conviene, y por eso ahora va a cantar alguien que sí sabe. Y Olga salió de los coros para porotagonizar el momento mientras las palabras le fluían desde el Me lo dijeron mil veces, mas yo nunca quise poner atención. Cuando vinieron los llantos ya estabas muy dentro de mi corazón hasta el Eres mi vida y mi muerte, te lo juro, compañero, no debía de quererte, no debía de quererte y sin embargo te quiero...

El público se desató cuando Joaquín volvió a la carga aprovechando la estupefacción y deleite de los presentes y cantó: de sobra sabes que eres la primera que no miento si juro que daría por ti la vida entera, por ti la vida entera y sin embargo un rato cada día ya ves, te engañaria con cualquiera … que terminó por volverse tan desoladora y triste después del estallido alegre y esperanzador de aquél y cuando vuelves hay fiesta en la cocina y bailes sin orquesta y ramos de rosas con espinas, pero dos no es igual que uno más uno y el lunes al café del desayuno vuelve la guerra fría y al cielo de tu boca el purgatorio y al dormitorio el pan de cada día.

Muchos rompiendo en aplausos, otros en llanto, mantuvimos el sentimiento, tranquilamente sentados en nuestras butacas hasta que Sabina cantó, guitarra en mano, los últimos versos de Calle Melancolía ...trepo por tu recuerdo como una enredaderaque no encuentra ventanas donde agarrarse, soy esa absurda epidemia que sufren las aceras, si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy. Pero no, definitivamente es que a veces cuando queremos que nos encuentren, no quieren encontrarnos.

Y aprovechando la tristeza los Pájaros de Portugal fueron evocados en voz de nuestro cantante porque no conocían el mar y se les antojó más triste que en la tele, pájaros de Portugal, sin dirección ni alpiste ni papeles… y yo coincido qué vacío deja la ansiedad… qué pequeña es la luz de los faros de quien sueña con la libertad.

Entonces Sabina nos regaló Una canción para la Magdalena y advirtió que si, a media noche, por la carretera que te conté, detrás de una gasolinera donde llené, te hacen un guiño unas bombillas azules, rojas y amarillas, pórtate bien y frena porque ella es dueña de un corazón, tan cinco estrellas, que, hasta el hijo de un Dios, una vez que la vio, se fue con ella. Y nunca le cobró la Magdalena.

El Auditorio Nacional se fundía en un mismo ritmo dejando escapar uno que otro suspiro cuando Joaquín continuó Algunas veces vuelo y otras veces me arrastro demasiado a ras del suelo... y todos recordamos esos días en que el alma necesita un cuerpo que acariciar porque algunas veces busco un adjetivo inspirado y posesivo que te arañe el corazón. ¿A quién no le ha pasado eso de duermo y dejo la puerta de mi habitación abierta por si acaso se te ocurre regresar?... y algunas veces suelo recostar mi cabeza en el hombro de la luna y le hablo de esa amante inoportuna que se llama soledad y antes de acabar la canción la voz de Sabina tejió con ritmo una confesión: nos sirvió para el último gramo, el cristal de su foto de boda, no faltó ni el desfile de moda de ropa interior y sigo pensando en eso de hay caprichos de amor que una dama no debe tener. Y después … ¿para que mas detalles? ya sabéis… copas, risas, excesos, ¿como van a caber tantos besos en una canción?. Siempre es Peor para el Sol.

Como si todos nos hubiéramos bebido los tequilas que él se bebió para aliviar la garganta empezamos a decir yo no quiero un amor civilizado... yo no quiero París con aguacero, no Oaxaca sin ti… lo que yo quiero corazón cobarde, es que mueras por mí. Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres porque el amor cuando no muere mata porque amores que matan nunca mueren.

Pero antes de que el ánimo se estacionara en irreparable melancolía Joaquín dió una vuelta de tuerca haciendo que nos levantrátamos del asiento a cantar con La del pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo, el viejo truhán, capitán de un barco que tuviera por bandera un par de tibias y una calavera. Y así se retiró del escenario al igual que sus músicos dejándonos con la adrenalina a tope y un tanto desconcertados, temiendo que hubiera llegado el final.

Fue Antonio García de Diego quien volvió a acariciar el teclado y contarnos: puedo ponerme cursi y decir que tus labios me saben igual que los labios que beso en mis sueños, puedo ponerme triste y decir que me basta con ser tu enemigo, tu todo, tu esclavo, tu fiebre, tu dueño. Y si quieres también puedo ser tu estación y tu tren, tu mal y tu bien, tu pan y tu vino, tu pecado, tu dios, tu asesino... y de la adrenalina a tope y el brincoteo rítmico nos fue deshaciendo en el asiento con la musicalidad de estas palabras que nos arrancaron un sincero aplauso y algún suspiro cuando entrecerrábamos párpados y se nos llenaban de flash backs. ¿Cuántas veces hubiéramos querido decir lo mismo?

Los músicos se amotinaron de nuevo en el escenario y Olga estalló con sutileza la potencia de su voz como si contase un cuento de Hadas que desde que empieza termina muy mal con su hay una lágrima en el fondo del río, de los desesperados, Adán y Eva no se adaptan al frío llueve sobre mojado. Bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, ya no sabe a pecado, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, llueve sobre mojado para que Sabina se sumase con la siguiente estrofa a la que le cambió la segunda línea (me fue imposible captar lo que dijo). Sin duda perdí la cabeza con eso de dormir contigo es estar solo dos veces, es la soledad al cuadrado, todos los sábados son martes y trece, todo el año llueve sobre mojado. Bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, cada cual por su lado, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, llueve sobre mojado.

Y de ahí enlacé el sentimiento de jodidez a elevadísima potencia cuando escuché: entre la cirrosis y la sobredosis andas siempre, muñeca. Con tu sucia camisa y, en lugar de sonrisa, una especie de mueca y es que a veces uno se queda con tantas ganas de decir: ahora es demasiado tarde, Princesa, búscate otro perro que te ladre… Por si fuera poco, la jodidez se trasladó de lo circunstancial a lo personal con la siguiente canción, tantas veces dije que ni yo bordo pañuelos ni tú rompes contratos ni yo mato por celos ni tú mueres por mí sabiendo que es tan cierto que como pago al contado nunca me falta un beso pero cada vez son más tristes las canciones de amor.

Si él lo hubiera querido, hubiera sido suya en mente, cuerpo, alma y voz, desde el primer acorde hasta la última letra. Amé verlo en vivo con sus (mis, nuestras) 19 días y 500 noches. Lo nuestro duró, lo que duran dos peces de hielo en un on the rocks, en vez de fingir, o estrellarme una copa de celos, le dio por reír… Dijo hola y adiós, y, el portazo, sonó como un signo de interrogación. No pidas perdón, ya estás perdonado, porque ya no me importa, siempre tuve la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta.

Escuché entonces esa canción dedicada a Chavela Vargas a la que, Sabina dice no creerle aunque ella insista en que va a retirarse porque también dice que no va a casarse con él, pero él cree que sí. En lo personal, no me gustaba. No hasta ahora que entiendo su magia, sus buenos deseos, la manera en que Joaquín escribe estas convicciones, lo justo de cada letra, la exactitud de las palabras y bueno… ahora es una de mis favoritas y sigo esperando Que las verdades no tengan complejos, que las mentiras parezcan mentira, que no te den la razón los espejos, que te aproveche mirar lo que miras… que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena. Que no te compren por menos de nada, que no te vendan amor sin espinas, que no te duerman con cuentos de hadas, que no te cierren el bar de la esquina.

Joaquín volvió al micrófono sentado sobre su silla para decir “nos gustaría seguir la fiesta pero estamos afectados de salud” así fue como introdujo su despedida para rematarla haciendo lo que nos encanta que haga …nos dijimos adiós, ojalá, que volvamos a vernos…

Música, baile, canto, sudor, lágrimas, suspiros, promesas, recuerdos, poesía… todo fue al final, un derroche de magia cómplice a lo largo de más de dos horas y media y veintiocho canciones. México estuvo completo ahí en miles de personas que llenamos el lugar para hacernos uno con ése andaluz.

Él lo ha dicho: nosotros solemos irnos y venirnos. Pero entre irnos y venirnos, nos gusta más venirnos, sin duda.

Yo coincido, como asi siempre con él y que así sea.

martes, octubre 31

No debería contarlo, y sin embargo...

La forma de tu cuerpo
corresponde
con desmedida perfección
a la de mi deseo,
desde el borde de tus labios
hasta la línea inferior
de tus dedos.
La profundidad del verde
con que me miras

me ha hecho temer
y no puedo verte
sin quererte,
ni quererte sin ver
.
Mi silencio se abre
ante tu tacto
y este conjuro se torna
predecible maldición
.
Guardo mis besos
en las esquinas de tu boca
vuelvo con las Musas
y hago las pases
pero Morfeo, celoso
se niega incluso a mirarme.
Por eso te sueño en vigilia
y te toco sabiendo
que no somos más
que caricias perdidas
.
Los largos insomnios
sin ti, me susurran
otro sitio, otros sueños
donde tu piel me es permitida.
No debería
decirlo
así no tendrías que elegir
si creerme o no,
no tendría por qué ser yo
otro acto de fe en tu vida.