letras tantashistorias de amor trágico
"El verdadero lugar del nacimiento es aquél donde por primera vez nos miramos con una mirada integligente"
sábado, junio 28
Fragmentos
letras tantashistorias de amor trágico
miércoles, junio 25
Agendado
Quedó entonces de devolverme la llamada y no lo hizo. Sin embargo, recibí un mensaje de texto que, por el contexto, supuse sería suyo aunque no tenía el número registrado, porque sé que tiene un celular del que desconozco el número.
El mensaje recibido a las cuatro de la madrugada del sábado decía lo siguiente:
¿Podemos vernos mañana o ya tienes planes?
Pensando que se trataba de E. (mi amigo) emití mi respuesta el sábado a las once horas:
Según yo el plan era vernos ayer viernes, hoy tengo clases por la mañana y tú fútbol en la tarde, no creo que coincidamos.
Mensaje recibido por mí el domingo por la noche:
¿Cuándo puedo verte?
Yo creo que el jueves por la tarde . (Finalmente el lunes le dije que la tarde del martes la tendría libre y que si quería podíamos vernos)
Él quedó de avisarme el martes temprano si es que podría verme y, por la tarde, aún no había recibido su llamada. Como estaba medio aburrida le llamé. Me di cuenta entonces algo trascendental, no era E.
Terminé la llamada con rapidez y me quedé con la duda. Había dos opciones, podría ser X. el señor patán del que hace meses que no sé nada (y del que por supuesto, he eliminado su teléfono) o podría ser J., otro amigo reciente que tiene mi número pero yo no tengo el suyo.
Como odio quedarme con dudas, tomé un teléfono (que no era el mío) y marqué. Esta vez reconocí la voz, era X. La gran duda ahora es ¿tendré que dejar de aplicar mi medida de eliminar los números de los hombres con actitudes patanescas para evitar confundirlos
Shot!
He estado buscando en mis archivos mentales del último mes, alguna historia que hable de esas cosas absurdamente graciosas que me pasan, pero parece ser que mi vida se ha enfrascado más en el absurdo que en lo gracioso últimamente.
Sin embargo, para que no decaiga el ánimo, me acordé que la noche del sábado antepasado, cuando todo el mundo estaba fuera, mi sobrina decidió quedarse en casa en vez de ir con mis padres a dejar mi hermana al aeropuerto y, en casa, sólo estaba yo. Así que se iba a quedar conmigo un par de largas horas y había que divertirnos un poco.
La complicidad de la pequeña y su tía terminó en una larga sesión de fotos. Aquí les dejo algunas de las imágenes para que lo piensen dos veces antes de pedirme que cuide a sus hermanos menores o hijos o sobrinos o mascotas.
sábado, junio 21
About a girl
En mi perfil de blogger dice: aferrada a ser yo con todas sus consecuencias. Ser yo implica ser intensa. Soy prudente en muchas cosas, pero todo lo que hago lo hago con intensidad y esa intensidad trae sus consecuencias.
A nadie tendría por que importarle el ritmo de trabajo que he venido arrastrando últimamente que me ha mantenido lejos de las cosas que amo: los libros y pasar tiempo con mis amigos y que he compensado pensando en que pronto tendría con unas vacaciones en el puerto con sabor a café y música de marea. Unas vacaciones por las que he peleado cada día desde distintas trincheras.
Soy intensa; así siento, así quiero, así vivo. No es que me guste hacer drama, es que me tomo las cosas que me importan demasiado en serio; no es que quiera hacer reclamos; es que no acostumbro quedarme callada y menos ante las cosas que me parecen injustas.
Estoy más allá del enojo; en la decepción. Me siento exhibida y lastimada como persona, como mujer pero sobre todo como amiga. Porque creo que también es mentir el ocultar parte de la verdad. Insisto, no es el fondo, es la forma (que resulta fondo también).
Seguro que ya has pasado la página (así eres tú) y me da gusto. Como te dije, yo también siento mucho que las cosas hayan sido así, pero fueron, eso no podemos cambiarlo y yo sigo siendo yo, sigo siendo así, tan distinta a como eres, quizás es por eso que no te creo cuando dices que me entiendes.
Ha sido hermoso tenerte este tiempo en mi vida, y por si no lo he agradecido lo suficiente, te lo agradezco de nuevo.
Te quiero (y mi te quiero y sus consecuencias no pueden ser sino intensas).
Discertaciones sobre la lluvia
Llueve y, como si estuvieran íntima e invisiblemente ligados al cielo, los pensamientos se nublan y el movimiento de los cuerpos resguardados tras el cristal se vuelve pausado. Y la melancolía empieza a cobrar presas y los sueños comienzan a despertarse y cobrar vida para llegar a lugares inimaginables.
Llueve, aunque no de manera intensa, no como violencia desatada sobre los mortales. Llueve pasivamente, como si la lluvia quisiera prolongarse sobre nuestros cuerpos hasta dejarnos huellas de su presencia; porque la lluvia tiene dos caras, tal como dos caras tienen los amantes que pueden ser pasionales y arrebatados en un momento y que luego acarician la desnudés de la piel en el remanso del silencio.
La lluvia no pierde su esencia aunque se manifieste de maneras distintas; porque sigue siendo la misma. Sigue siendo poesía musicalizada del agua.
Cuenta, por supuesto. Sin embargo, para mí, la intensidad es más una percepción, un sentir respecto de algo. Una imagen cotidiana o un roce delicado pueden ser intensos. La intensidad es eso, una manera de recibir, de responder.
Es también optativa. Uno puede tomarse la vida de un solo golpe o embriagarse de a poco con cada trago de la copa. Hay momentos para tatuarse en la piel y otros que quedan tan sutiles como un nombre escrito en la arena mojada; pero ambos pueden ser intensos, abrasivos.
¿Acaso no es intenso sentir la respiración de otro ser acariciándonos entre el oído y el cuello o escuchar en la distancia la voz de alguien significativo llamándonos con palabras dulces?
La intensidad tiene también dos caras; el arrebato y el éxtasis continuo. ¿Qué sería del sexo si sólo fuera un instinto despojado de las posibilidades de crear que brinda el erotismo?
Puede usted rehusarse a mis palabras, diferir semánticamente de mis conceptos, pintar las imágenes a su manera, con sus ojos, y echarme en cara que es imposible empatarlas con las mías; puede apasionarse de su discurso y sus razones.
No se disculpe por no entender mis ideas, mi sentir. No trato de convencer sino de compartir. Al final las palabras pueden volverse en contra mía. Ya encontraré un momento para expresarme con mis silencios…